Entradas

Mostrando entradas de enero, 2018

Astas

Ese día los fantasmas vestían sábanas blancas. Mi madre, Teresa, las tendía en el patio trasero. Recién lavadas como estaban, desprendían una agradable frangancia a lavanda que me hacía desear respirar hondamente, hasta sentir que se me ensanchaba el pecho. Han pasado más de cincuenta años y su memoria aún conserva esa frescura que me hacía abir la nariz, ese capullo cerrado, y transformarla en flor. Es para mi un instante irrecuperable; el día recién desvelado, disparando su luz transparente y un aliento templado soplando en forma de brisa entre los olivos del prado. Y ella erguida, vuelta la cabeza, con los cabellos azabache sobrevolando sus hombros. Llevaba puesto un camisón que yo jamás le había visto. Paladeé su intenso rojo frambuesa desde la puerta del jardín. Me acerqué, con mis ocho años contenidos en un pijama azul, mi favorito por aquel entonces. Ella se percató de mi presencia y me sonrió. Ocultaba besos en cada uno de sus pestañeos. Un amor radiante, igual que la expr...

UNA VISITA FAMILAR

La noche paseaba por el entramado de pasillos y habitaciones, largamente aletargados, libre, fría y solitaria cuando, forcejeando contra un mal sueño, la conciencia le fue devuelta a mi cuerpo. Al principio, sólo atisbé una pizca de desazón y familiaridad, una confusa amalgama de sentimientos y experiencias, pero nada me alertó de que esa ilusión escondía algo más hasta que, en un momento de mudo silencio, escuché descorrerse el pestillo que llevaba a la biblioteca. Abandoné la habitación poseída por la estampida que se agitaba en mi interior. Conocía el recorrido de memoria y pude navegar en la oscuridad sin el auxilio de una llama. Alcancé el camposanto de papel impreso para descubrir que, efectivamente, el pasador se hallaba descorrido. Una presencia, un halo de luz espesa, se apareció de pronto frente a mi incrédula mirada. La imposibilidad de su presencia me hizo espantar pues sabía muerto a aquel a quién reconocí en la fantasmagórica figura, desaparecido durante los atisbos...