Entradas

El trono

El culto circundaba el panteón igual que un orfeón de estatuas mal disimuladas. Pese a la falta de movimiento, las figuras guardaban un halo de secreta ominosidad. En especial su aspecto, que no era otro que el de una medusa pétrea, a medias translúcida y a medias austral, confería a su presencia un aura onírica e innatural. Tal vez por eso, para el ojo humano, los cuerpos resultaban a veces desabridos y otras ocasiones, forrados de deformaciones; apéndices vinosos y vivorentes que desaparecían en lo que lleva un pobre parpadeo.  Los que conservaban su estado material en mayor medida, vestían exóticos ropajes propios del ceremonial, los cuales lucían inscritos cripticos caracteres, hilados insignemente por manos esqueléticas y antiguas. Los hilos bruñidos, cuyo brillo era debido a baños áureos y argentos, crepitaban junto con la respiración del fuego, imprimiéndose en la tiniebla que lo engullía el mundo que quedaba fuera del segundo círculo. La toga azul, caía rala como una cor...

Astas

Ese día los fantasmas vestían sábanas blancas. Mi madre, Teresa, las tendía en el patio trasero. Recién lavadas como estaban, desprendían una agradable frangancia a lavanda que me hacía desear respirar hondamente, hasta sentir que se me ensanchaba el pecho. Han pasado más de cincuenta años y su memoria aún conserva esa frescura que me hacía abir la nariz, ese capullo cerrado, y transformarla en flor. Es para mi un instante irrecuperable; el día recién desvelado, disparando su luz transparente y un aliento templado soplando en forma de brisa entre los olivos del prado. Y ella erguida, vuelta la cabeza, con los cabellos azabache sobrevolando sus hombros. Llevaba puesto un camisón que yo jamás le había visto. Paladeé su intenso rojo frambuesa desde la puerta del jardín. Me acerqué, con mis ocho años contenidos en un pijama azul, mi favorito por aquel entonces. Ella se percató de mi presencia y me sonrió. Ocultaba besos en cada uno de sus pestañeos. Un amor radiante, igual que la expr...

UNA VISITA FAMILAR

La noche paseaba por el entramado de pasillos y habitaciones, largamente aletargados, libre, fría y solitaria cuando, forcejeando contra un mal sueño, la conciencia le fue devuelta a mi cuerpo. Al principio, sólo atisbé una pizca de desazón y familiaridad, una confusa amalgama de sentimientos y experiencias, pero nada me alertó de que esa ilusión escondía algo más hasta que, en un momento de mudo silencio, escuché descorrerse el pestillo que llevaba a la biblioteca. Abandoné la habitación poseída por la estampida que se agitaba en mi interior. Conocía el recorrido de memoria y pude navegar en la oscuridad sin el auxilio de una llama. Alcancé el camposanto de papel impreso para descubrir que, efectivamente, el pasador se hallaba descorrido. Una presencia, un halo de luz espesa, se apareció de pronto frente a mi incrédula mirada. La imposibilidad de su presencia me hizo espantar pues sabía muerto a aquel a quién reconocí en la fantasmagórica figura, desaparecido durante los atisbos...

MORDAZA Y TIZÓN - Capítulo 3 -

CAPÍTULO 3           Ni una sola gota de agua había salpicado la mesa porque ante la sorprendida mirada de los presentes, el cuentacuentos transformó el hielo en arena  cetrina, distinta a las que mueve el oleaje con sus infinitas acometidas. Una arena dorada como polvo de oro que se hallaba cuidadosamente amontonada cerca de una taza vacía y parecía insinuar la majestuosa figura de una pirámide. -         – ¿Abandonasteis a su suerte a esos pobres hombres? – suspiró Foth con tono acusador aunque vago, envenenado por la borrachera. -        – Los héroes son hombres al fin y al cabo, de carne y hueso – terció Theb a su vez, quién conservaba frescas sus capacidades reflexivas pues, desde que el narrador comenzara a hablar no había vuelto a posar sus labios en la bebida algo que, sin duda hubiera llamado la atención de sus compañeros barra de haberla tenido en primer lugar. -         ...